jueves, 24 de noviembre de 2016

LA CIUDAD DEL REY


Ciudad Bolivar.JPG
Había una vez un oficial llamado Joaquín Moreno de Mendoza, enviado por el Rey Carlos III de España a fundar una ciudad a la orilla del Orinoco, pero en su parte más angosta.  El Oficial, además de militar era poeta, y la misma realidad de encontrarse con un paisaje tan edénico como el Sur de Guayana donde se consigue como en el Paraíso, ónice y oro, lo animó a fundar esa ciudad interesando a  primitivos habitantes de misiones cercanas y utilizando la piedra, el barro y la madera que en el lugar era muy abundante.
La ciudad a los pocos días comenzó a edificarse y el oficial hispano la bautizo de antemano con el nombre de Angostura por hallarse en la parte más angosta del gran río, pero cuando ya tomaba cuerpo vino un terremoto y acabó con ella.  Como se trataba de un poeta con alma y voluntad muy recia, la reedificó, pero luego bajo una de esas tempestades  que atemorizan, cayó un rayo sobre uno de los techos pajizos de las primeras viviendas y la ciudad prácticamente quedó abrasada por el fuego.
El Oficial no se deprimió sino que sacó fuerzas de flaquezas y volvió a reconstruir la ciudad.  Dicen que a la tercera va la vencida, y el adagio se cumplió.  La ciudad de Angostura quedó para siempre sembrada a la margen derecha del gran río.  Su fundador entonces escribió un poema de 400 versos considerado el primero y más largo en la historia literaria de la ciudad de Angostura.
En ese largo poema está relatada la hazaña de fundar una ciudad venciendo las dificultades naturales y accidentales que se presentaron y esto fue posible al alma y reciedumbre de un poeta que incluso llegó a creer que moriría acosado por las propias dificultades y en previsión mandó que sobre su tumba se grabara este epitafio:
“Aquí yace Moreno que ostentando
lo vi tres años  mi cerviz rigiendo
buen ejemplo de los que están mandando
Pues él en mi provincia no cabiendo
No bastó le miren usurpando
y este sepulcro le sobra muriendo”.



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